lunes, 14 de noviembre de 2011

El criado


“Érase una vez, en Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un gesto.


Aterrado, el criado volvió a casa del mercader.


-Amo -le dijo-, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.


-Pero ¿por qué quieres huir?

-Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.


El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo, y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán.


Por la tarde, el propio mercader fue al mercado y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.

-Muerte -le dijo acercándose a ella-, ¿por qué le has hecho un gesto de amenaza a mi criado?...”

 


-Ese gesto de amenaza, respondió la muerte, en realidad no era para tu criado, sino para tí. Pero sabía que si te lo hacía a tí directamente escaparías y tendría que ir a buscarte muy lejos. Por lo que pensé en hacerselo a tu criado y quizas tú vinieras a interesarte.

La muerte tan astuta como siempre se había salido con la suya una vez mas. Y no solo eso, sino que en vez de ir a buscar a su victima como había hecho a lo largo de la historia, en este casos la victima había venido a su encuentro.

2 comentarios:

  1. Se trata de que escribas "tu" final, no el de Atxaga, su autor. Invéntate otro que sorprenda, que sea original, que se parezca en su tono y estilo al del resto del relato.

    ResponderEliminar
  2. No lo cambié en un principio porque al leer el verdadero final del cuento no creí encontrar ningún otro final que pudiera estar a la altura, pero creo haber encontrado uno bastante bueno.

    ResponderEliminar